El restaurante La Palma

Recordando el inicio de nuestras vidas y el legado que nos dejaron nuestros padres.


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Iniciaba la década de los ’60, cuando Alberto “Gil” Lee y Adelina Chen de Lee tomaron la decisión de tener a sus hijos: primero nace Diana, en 1961, luego vinieron Sandra, 1962, Alejandro, 1964 y Leticia, 1969.

En esos tiempos, el ingreso familiar provenía del trabajo de nuestro Padre y de su restaurante LA PALMA, mejor conocido como LA PALMITA, ubicado en Avenida Nacional y Avenida de los Mártires, antes Avenida 4 de julio. Era un restaurante iniciado por nuestro Abuelo, Lee Yuk Tong, que pasó este negocio familiar a mi Padre. Nuestra madre, Adelina, repartía su tiempo entre el cuidado de sus hijos y ayudar con el negocio.

Cuando crecimos aprendimos, a través de nuestros padres y del restaurante, muchos valores que quedaron dentro de nuestra mente, corazón y vida. Ellos nos han permitido ser hoy buenos profesionales y padres de familia.

Una buena comida, símbolo de un buen trabajo

El trabajo en un restaurante es duro, porque se debe entregar a los clientes un plato de comida de calidad, que complazca los gustos y que, a la vez, haga sentir al cliente satisfecho por la porción que se le brinda.

Muchos clientes de ese entonces pueden recordar los platos tradicionales de la comida china (Arroz Frito, Chow Mein, León Pa Mein), pero en especial aquellos platos diferentes, que los clientes conocedores le pedían al señor Gil: Pescado o Pimentones Rellenos, Almejas con salsa de frijolitos negros y la famosa Sopa Mayor Alemán que se originó en LA PALMITA, ya que un asiduo cliente era el Mayor (Rango Policial) Alfredo Alemán, quien en una ocasión pidió una sopa muy especial de wantón y que, al verlo, otros clientes empezaron a pedirla como “La Sopa del Mayor Alemán”.

El trabajo duro, símbolo de sacrificio y apoyo a la familia

En nuestra educación diaria se nos inculcó que más que recibir, teníamos que dar; y ese dar, era trabajar los fines de semana y vacaciones, para que pudiéramos apoyar en el negocio familiar y para que nuestros padres pudieran descansar un poco.

Siendo pequeños, teníamos que ir a trabajar al restaurante; desde temprano nos levantaban para ir al Mercado Público y a comprar las carnes, mariscos y vegetales. Luego debíamos prepararnos para sentarnos en la caja y cobrar, ayudar a sacar y envolver los pedidos para llevar, y calmar a los clientes impacientes.

La buena educación que nos brindaron nuestros padres y este aprendizaje de llevar un negocio, nos llevó a que hoy aceptemos los retos que se nos presentan y nos pudiéramos superar como profesionales.

Agradecer la lealtad y solidaridad de amigos, clientes y empleados

De todos modos, el restaurante no hubiera crecido sin recibir el apoyo de nuestros amigos, clientes y empleados. Nuestros padres nos enseñaron a agradecer su lealtad y solidaridad; al llegar Navidad y Año Nuevo, se regalaba botellas de Cheefoo (Vino) y cajas de Chirimoya China disecadas, a los clientes especiales, y compartíamos en casa una gran cena con los amigos y empleados, por haber tenido un buen año.

by Alejandro Lee - Revista ChungSir - Edic. #57 - 2.017